27 nov. 2006

Qui est haïssable?

El mayor problema del hombre es su carácter gregario. Es este el que le ha tendido a menudo la trampa, el que le ha asegurado «le moi est haïssable», el que le ha hecho considerar al Otro como fuente de su propio goce. Así, el individuo —lo único real en el mundo— está absolutamente restringido al bienestar de los demás; o es al menos lo que la política quiere hacernos pensar, la «correcta» cuando menos. Y de aquí el buen lema de la Revolución Francesa: libertad, igualdad, fraternidad. —Es extraño, pero cuando se escucha a la gente pronunciar estas grandes palabras, es difícil contener las ganas de preguntarles «libertad, ¿de qué, de quién?; igualdad, ¿entre quiénes? ¿yo soy igual que tú; ante los ojos de quién, de Jesús, del Estado?; fraternidad ¿pero no es este mismo Estado que nos hace libres e iguales precisamente eso que te permite no voltear a verme a mí, en cuanto individuo, puesto que Él está ya ayudándome sin que tú tengas que saber que existo?» El Estado es la institución más hipócrita del individualismo humano, es una forma de «lavarse las manos» de la miseria de ti y de mí en cuanto que aquél ya ha pagado sus impuestos, «ya ha cumplido como ciudadano» y, en última instancia, como «ser humano». Estamos así en una especie de «paz» puesto que hemos instaurado un nuevo Padre que dirige nuestras guerras de manera organizada, bajo ciertas normas y derechos (podemos apropiarnos de un territorio cualquiera, cambiarles la religión, el modus vivendi, etc., siempre y cuando respetemos la universalidad de los derechos del hombre). Y todo ello, se dice, para impedir «la guerra de todos contra todos», lo cual sería la extinción propia del hombre. ¡Pero si esta guerra no ha tenido nunca lugar! ¿Podría en verdad una guerra entre individuos terminar con nuestra especie?
La enseñanza de Max Stirner nos obliga a buscar una libertad total —lo que quizás nos obligaría no a pensar en términos de «libertad», sino de «autoafirmación». Y esto es algo que al hombre «social» no le agrada en absoluto. Le moi est haïssable, se repite (si acaso reflexiona sobre ello). ¿Y adónde hemos llegado con esto…?


París, 2006.